
Todos hemos tenido momentos difíciles y en este caso Guillermino no es la excepción. Meterse en problemas es sólo parte de nuestro destino.
A Guillo, por ponerse a jugar bolas con César y con La Guama, en el solar de la cuadra, se le perdió el billete del mandado que le encargó Rosalba, su mamá. Para ser más precisos, en un descuido de éste, se lo echó al bolsillo El Chino, otro niño que estaba con ellos, mirando el juego.
Ahora está metido en el peor lío que hubiera podido imaginarse a su corta edad, pues Rosalba ya le tiene advertido que con otro daño más que haga, lo separa de sus amigos en vacaciones y lo manda a recoger café en la finca del tío Libardo, en las afueras de Pereira. Aquel lugar también es maravilloso; el único problema es que, según afirma el propio Guillo, en esa finca hay espantos.
Ahora está metido en el peor lío que hubiera podido imaginarse a su corta edad, pues Rosalba ya le tiene advertido que con otro daño más que haga, lo separa de sus amigos en vacaciones y lo manda a recoger café en la finca del tío Libardo, en las afueras de Pereira. Aquel lugar también es maravilloso; el único problema es que, según afirma el propio Guillo, en esa finca hay espantos.




